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En 1739 el virreinato de Nueva Granada fue reinstaurado por Felipe V con el propósito de centralizar la administración de los asuntos de guerra y fortalecer la defensa de del Caribe. El nombramiento como virrey recayó en el teniente general (ascendido al cargo militar ese mismo año) Sebastián de Eslava y Lazaga. Contaba con una brillante trayectoria —había sido capitán del Regimiento de Guardias Españolas y coronel en los de Asturias y Castilla— y, además de caballero de Santiago, era comendador de la Orden de Calatrava y gentilhombre de manga del infante Don Felipe.

Eslava ascendió por su labor en diferentes batallas de la guerra de Sucesión y por su responsabilidad en las victorias en las campañas italianas de FelipeV. No obstante, hubo un periodo a partir de 1745 en el que, debido a la sublevación del regimiento fjo de Cartagena de Indias, perdió los favores del rey, aunque los recuperó más adelante tras la caída de Ensenada. Por dicha sublevación y su reprochable comportamiento hacia Blas de Lezo el rey no le concedió su vuelta a España ni el virreinato del Perú, al que siempre aspiró.

Su actuación política estuvo marcada por la defensa de Cartagena de Indias en 1741. La victoria sobre los ingleses fue posible gracias a un pequeño contingente de fuerzas comandadas por un grupo de hombres del que Eslava fue la máxima autoridad y, por lo tanto, debe ser considerado como principal responsable del éxito de la contienda.

Blas de Lezo descargó cañones similares a este para defender la ciudad de Cartagena de Indias con motivo de la guerra del Asiento contra los ingleses, que llegaron a la costa cartagenera al mando del almirante Edward Vernon. Los españoles cañonearon a los británicos primero desde el fuerte de San Luis de Bocachica —que tuvieron que abandonar debido al asedio inglés—, y después desde el castillo de San Felipe de Barajas —que, a pesar de la potencia naval inglesa y sus miles de hombres en combate, resistió gracias a la inteligencia táctica de Lezo—.