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Apenas unas semanas después de la toma de la plaza de Gibraltar por parte de la fota anglo-holandesa comandada por Rooke, los navíos que defendían la causa austracista se encontraron en las costas de Vélez-Málaga con la fota franco-española, al frente de la cual estaba el conde de Toulouse. Allí tuvo lugar el combate naval más importante del conficto sucesorio. La batalla quedó sin claro vencedor, aunque ambos bandos se adjudicaron la victoria a pesar de que hubo un elevado número de bajas, más de 2.500 en la flota anglo-holandesa y unas 1.600 en la francesa.

Con tan solo 12 años, Blas de Lezo se unió al conde de Toulouse y, pocos años más tarde, con tan solo 15, combatió junto a él en Vélez-Málaga contra la flota anglo-holandesa. Durante la batalla, el jovencísimo e intrépido marino perdió una pierna por el impacto de una bala de cañón y su coraje al enfrentar la amputación dejó impresionados a sus superiores. Su valentía fue recompensada con el ascenso a alférez de bajel de alto bordo y la concesión de una merced de hábito por parte de Felipe V.

Destinado en el puerto de Rochefort entre 1710 y 1711 con labores de guardacostas, Blas de Lezo participó en la captura de varios navíos enemigos y fue ascendido a capitán de fragata por su valía y coraje.

El 3 de abril de 1706 comenzó el asedio y abastecimiento de la ciudad de Barcelona por parte del ejército borbónico. Hacía tan solo un año que las tropas aliadas habían tomado la ciudad y el archiduque Carlos III había establecido allí su corte. Sin embargo, la flota anglo-holandesa regresó poco después y, a pesar de la defensa de los partidarios de Felipe V, desembarcó más de 10.000 hombres en las playas de la ciudad condal y los borbónicos tuvieron que rendirse. Blas de Lezo, con una fotilla aprovisionó a los sitiados en Barcelona durante aquella batalla, y con su agudeza y valentía, el entonces alférez de navío esquivó el cerco aliado en numerosas ocasiones.