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Aunque el siglo xVIII español fue el de mayor apogeo de la construcción de navíos, la guerra de Sucesión puso a prueba el escaso poder naval español heredado de los austrias. Una vez concluida
la contienda, comenzaron profundas reformas que resolvieron la falta de buques, la logística apropiada para su construcción y mantenimiento y las carencias de la administración de la Armada.
Desde su primer cargo en el gobierno de Felipe V, José Patiño y Rosales (1666-1736) se caracterizó por llevar a cabo una gran labor reformadora también en el ámbito militar y naval.

Entre los personajes más importantes para la construcción de la nueva y poderosa flota española de la primera mitad del siglo xVIII destaca el marino y constructor Antonio de Gaztañeta. Su obra Proporciones de las medidas más esenciales para la fábrica de navíos (...) fue la referencia fundamental para unifcar la construcción de los buques de la Real Armada. Según el “sistema Gaztañeta”, los navíos debían cumplir varios requisitos imprescincibles: que se gobernaran bien y respondieran rápido al timón, que aguantaran las velas y navegaran seguros aún en los temporales, que se mantuvieran frmes al viento y que su batería baja pudiera ser utilizada ante cualquier contingencia. Sin embargo, Gaztañeta no logró cumplir con todas sus exigencias constructivas y con el paso del tiempo sus buques
adolecían de solidez.

De la mano de los constructores Antonio de Gaztañeta, Ciprián Autrán y Juan Pedro Boyer un nuevo sistema constructivo denominado “a la española” se impuso en los arsenales de la nueva flota borbónica a lo largo de la primera mitad del siglo xVIII. Este modelo de buque sigue las proporciones de Antonio de Gaztañeta. El constructor y marino puso toda su sabiduría en la creación de la nueva flota, y con su “sistema Gaztañeta” mejoró los cascos y determinó las proporciones adecuadas para conseguir tanto una mejor gobernabilidad como una mayor solidez.